Donar sangre quedó prohibido para muchos varones homosexuales; un nuevo estudio podría modificarlo


La aguja entró fácilmente. Andrew Goldstein se sentó y esperó mientras su sangre, preciosa y conflictiva, fluía hacia los viales.

Solía donar sangre de forma rutinaria cuando era más joven, ansioso por ayudar a salvar vidas. Ahora, el hombre de 38 años estaba en un centro de donaciones por primera vez en años, esta vez como parte de un estudio que podría cambiar una regla federal que enfureció y alienó a muchos otros varones homosexuales como él.

“Es frustrante no poder ayudar, siendo un donante sano”, remarcó Goldstein, un profesor de biología que mantiene una relación monógama con su esposo desde hace más de una década.

Los varones que tienen relaciones sexuales con hombres se han enfrentado durante mucho tiempo a restricciones para donar sangre en Estados Unidos, en medio de preocupaciones sobre el costo desproporcionado del VIH/ sida en los varones homosexuales y bisexuales. Hace décadas, cuando el sida comenzó a devastar las comunidades homosexuales, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) aconsejó a los centros de sangre que prohibieran la donación a cualquier varón que hubiera tenido relaciones sexuales con otro hombre desde 1977, incluso si ello había ocurrido solo una vez.

La FDA, que regula los bancos de sangre, flexibilizó un poco las reglas en los últimos años. Pero los hombres homosexuales y bisexuales aún no son elegibles para donar si han tenido relaciones sexuales con otro varón en los últimos tres meses.

Las reglas federales generaron durante mucho tiempo protestas entre médicos, políticos y activistas, que las denuncian como obsoletas y estigmatizantes. Muchos se sintieron especialmente molestos después del tiroteo en masa en el club nocturno gay Pulse, en Orlando, Florida, cuando los hombres homosexuales no pudieron donar sangre para ayudar a los heridos.

“Esto perpetúa un enfoque discriminatorio que no se basa en la ciencia”, destacó Stephen Lee, director ejecutivo de la Alianza Nacional de Directores Estatales y Territoriales del Sida. A los varones homosexuales en relaciones monógamas se les prohibe hacerlo, pero “¿qué pasa con los hombres heterosexuales que tienen relaciones sexuales sin protección con mujeres o participan en otras conductas de riesgo?”

Otros argumentan en contra de flexibilizar las restricciones, alegando que es demasiado arriesgado ampliar la elegibilidad entre un grupo que tiene tasas más altas de infección por VIH. Cuando la FDA solicitó comentarios, cientos de personas enviaron cartas afirmando que “minimizar las protecciones del suministro de sangre en Estados Unidos por motivos de ideología política pone en riesgo la seguridad de los estadounidenses”.

Ahora los bancos de sangre están buscando hombres homosexuales y bisexuales en ciudades como Los Ángeles, Miami y Memphis para el llamado en inglés Advanced Study, que busca averiguar si consultar a los posibles donantes sobre comportamientos de riesgo -como tener relaciones sexuales sin condón- podría ser una alternativa segura a la detección de todos los hombres que han tenido relaciones sexuales con varones recientemente.

Susan Stramer, vicepresidenta de asuntos científicos de la Cruz Roja Estadounidense, afirmó que esa entidad y otros bancos de sangre están interesados en reevaluar las reglas para garantizar que “cualquier persona que tenga un perfil de seguridad adecuado pueda donar”.

“Debido a que las pruebas no son perfectas, queremos preseleccionar a los donantes que tienen los riesgos más bajos”, agregó Stramer, una de los investigadores principales del Advanced Study. Lo que el nuevo estudio pretende averiguar es si sería igualmente eficaz evaluar el riesgo con preguntas específicas sobre el comportamiento inseguro, como cuántas parejas sexuales ha tenido alguien recientemente.

Campaña de donación de sangre en el centro de Los Ángeles, en 2020.

(Gabriella Angotti-Jones / Los Angeles Times)

La Cruz Roja y otros dos centros de sangre, Vitalant y OneBlood, ahora están inscribiendo a hombres homosexuales y bisexuales sexualmente activos en el estudio, financiado con fondos federales. A los participantes se les pregunta sobre comportamientos de riesgo y luego se les extrae y analiza su sangre para detectar VIH. Su objetivo es reunir a 2.000 participantes en ocho áreas, con la asistencia de socios, incluido el Centro LGBT de Los Ángeles.

Entre esos participantes se encuentra Goldstein. Antes de dejar de ser elegible para donar, el docente de biología, que tiene sangre tipo O negativo, donaba con tanta regularidad que había sido recompensado con una insignia de donante frecuente. Este verano, después de que le extrajeron sangre para el estudio en un centro de Pasadena, se tomó una foto y la publicó en Facebook.

“En mi infancia, estaba muy claro que, para un hombre, ser gay era lo peor. Los únicos ejemplos de personas homosexuales eran quienes morían de sida”, comentó Goldstein. Desde entonces, “he visto el mundo cambiar a mi alrededor”, incluido el reconocimiento legal de su matrimonio y las parejas homosexuales que viven felices en la televisión y en las películas. Tener prohibido donar sangre, agregó, parece “totalmente fuera de sintonía del momento en que estamos”.

Al comienzo de la epidemia del sida, las pruebas serológicas no podían detectar el virus de manera eficaz hasta meses después de la exposición. Los centros de sangre se horrorizaron cuando los hemofílicos, que dependían de productos sanguíneos, comenzaron a infectarse con el VIH mediante transfusiones.

“Es difícil exagerar lo fuerte que fue el impacto de ese terrible momento en los bancos de sangre”, remarcó Arthur Caplan, director de la división de ética médica de la Facultad de Medicina Grossman de la Universidad de Nueva York, quien se opuso a la prohibición de por vida.

Tal restricción fue aliviada por primera vez hace seis años, pero solo para los hombres homosexuales y bisexuales que no habían tenido relaciones sexuales con otros durante al menos un año, una regla que efectivamente continuó vetando a aquellos sexualmente activos.

La flexibilización de la prohibición fue apoyada por grupos prominentes, incluida la Asociación Médica Estadounidense y la AABB. Los opositores incluyeron al conservador Family Research Council, que argumentó que el cambio se hizo “no por razones científicas o médicas, sino políticas”. En ese momento, la Coalición Estadounidense de Usuarios de Plasma expresó cierta cautela, alegando que podría respaldar el cambio solo si se desarrollaba a la vez un sistema sólido para monitorear la seguridad de la sangre.

Según Mark Skinner, ex presidente de la Fundación Nacional de Hemofilia, desde entonces la implementación de ese sistema de monitoreo ha hecho que las personas que dependen de los productos sanguíneos se sientan más cómodas con los cambios en la elegibilidad de los donantes.

El Estudio Avanzado “es una investigación importante que, con suerte, nos dará consuelo para seguir prosperando”, remarcó Skinner, quien vive con hemofilia severa y es VIH positivo desde hace décadas luego de haberse infectado con un producto sanguíneo. “Si podemos lograr esto, entonces todo el sistema de donación debería estar mejor”.

Ahora se analiza la sangre para detectar el VIH y otras infecciones, pero incluso las pruebas más sensibles son imperfectas. Si alguien está expuesto al VIH, puede pasar más de una semana antes de que se pueda detectar en su sangre, un lapso silente que, de todos modos, se ha acortado con el tiempo. Expertos de la AABB, antes conocida como Asociación Estadounidense de Bancos de Sangre, añaden que algunas enfermedades no se rastrean, incluida la malaria, lo cual ha hecho que sea importante seguir examinando a los donantes.

Las restricciones se conocen como “aplazamientos” porque los potenciales donantes que han hecho cosas específicas, como tatuarse o viajar a un lugar donde la malaria es endémica, no pueden donar sangre durante un período de tiempo determinado.

Eduardo Nunes, vicepresidente de ciencia y práctica de la AABB, calificó los aplazamientos como “una especie de elementos evidentes que permanecen” y que no captan la complejidad del riesgo. Por ejemplo, para protegerse contra el síndrome de la vaca loca, la FDA sostiene que los centros de donación deberían prohibir indefinidamente a los donantes que pasaron al menos tres meses en Reino Unido de 1980 a 1996. “Podrías haber pasado una semana en Reino Unido a mediados de los 80 comiendo cerebro de vaca crudo” y aún ser elegible para donar, “o podrías haber estado allí durante seis meses como vegano, sin comer productos de carne, y no poder hacerlo”, comentó Nunes. Las reglas son “torpes, a veces”.

Las nuevas infecciones por el VIH disminuyeron significativamente desde la década de 1980, pero los homosexuales, bisexuales y otros varones que tienen sexo con hombres, denominados “MSM” en las directrices federales, siguen siendo los más afectados por el virus en todo el país.

En el condado de Los Ángeles, casi el 80% de las personas que viven con VIH son hombres homosexuales y bisexuales, según el departamento de salud pública del condado. En todo Estados Unidos, el riesgo de ser diagnosticado a lo largo de la vida sigue siendo mucho mayor para los varones que tienen relaciones sexuales con otros que para los hombres o mujeres heterosexuales, según un estudio publicado en Annals of Epidemiology.

Los críticos de las restricciones a la donación de sangre argumentan, sin embargo, que la probabilidad de infección de cualquier individuo está ligada en última instancia a si ha participado en conductas de riesgo, como tener relaciones sexuales sin protección.

“Tenemos estudios rigurosos que muestran qué comportamientos específicos conducen a la infección por VIH”, afirmó Matthew J. Mimiaga, director del Centro de UCLA para la Defensa, Investigación y Salud LGBTQ. “Son esos comportamientos específicos los que ponen a las personas en riesgo”.

Otros países adoptaron un enfoque de “evaluación de riesgo individual” o “neutral en cuanto al género”. En junio, los reguladores de salud en Reino Unido comenzaron a permitir donaciones de sangre de personas que han estado en una relación monógama con la misma pareja durante los últimos tres meses, sin importar su sexo. Italia, España y Argentina evalúan a los donantes individuales basándose en comportamientos específicos, más que en el sexo de sus parejas.

Aunque la “comunidad de sangre” ha estado ampliamente abierta a la posibilidad, cambiar la forma en que se interroga a los donantes es un asunto delicado.

Para Alyssa Ziman, jefa de medicina transfusional de UCLA Health, los centros de sangre deben encontrar “una manera adecuada de determinar quién es un riesgo, pero no alienar a los donantes” que podrían desanimarse ante el interrogatorio sobre su vida sexual. Además, la detección debe ser lo suficientemente eficiente como para evitar que todo el proceso de donación lleve demasiado tiempo.

Los bancos de sangre sufren escasez a medida que el país emerge de la pandemia de COVID-19; la demanda sigue creciendo y las donaciones permanecen rezagadas. Incluso antes de que la pandemia cambiara la vida cotidiana, los bancos de sangre se enfrentaban a preocupaciones desde hace mucho tiempo sobre el envejecimiento de sus donantes más confiables.

Después de la pandemia, la FDA alivió rápidamente algunas de sus restricciones de elegibilidad, permitiendo a los hombres donar sangre si habían pasado al menos tres meses desde la última vez que habían tenido relaciones sexuales con otro varón. Antes de eso, el período de aplazamiento era de un año.

Según la FDA, el cambio no pondrá en riesgo la seguridad del suministro de sangre porque las pruebas podrían detectar bien el VIH dentro de los tres meses posteriores a la infección. También modificó las reglas para las personas con nuevos tatuajes o piercings, así como para las trabajadoras sexuales y los usuarios de drogas inyectables, reduciendo igualmente su período de aplazamiento.

El riesgo de transmitir el VIH a través de una transfusión de sangre se ha desplomado dramáticamente durante décadas, con las probabilidades ahora estimadas en 1 en 2 millones, según una revisión publicada en Transfusion Medicine. Ziman dijo que “la comunidad de sangre, en su conjunto, está a favor de utilizar la ciencia para guiar la elegibilidad para la donación”.

Pero también tiene que lidiar con la tolerancia social al riesgo, señaló, y “después de la epidemia del VIH, la tolerancia al riesgo, cuando se trata de infecciones transmitidas por transfusiones, es de cero”.

Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí.





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